XV JORNADAS ARGENTINAS DE FILOSOFIA JURIDICA Y SOCIAL

COMUNICACIÓN:

FILOSOFIA DE LA ESTATALIDAD ACTUAL

(ENTRE EL ESTADO MODERNO DECLINANTE Y EL ESTADO MUNDIAL EN FORMACION)

Miguel Angel CIURO CALDANI (*)


I. Ideas básicas

1. En los últimos años se ha venido manifestando un proceso de limitación del protagonismo de los Estados modernos nacionales y quizás de formación de un Estado mundial, que guarda importantes afinidades con el que se produjo a partir de fines de la Edad Media en algunos ámbitos de la Europa Occidental para el surgimiento de los Estados modernos, luego Estados nacionales .
Al acercarse la terminación de la medievalidad, múltiples factores confluyeron en un proceso que dividió la ya vieja estructura del Sacro Imperio Romano Germánico, dando origen a los Estados modernos. El desarrollo del capitalismo y la burguesía condujo a ésta a necesitar espacios más amplios que los de los burgos y, para lograrlos, se alió en diferentes lugares con los reyes que disponían de ellos. Los ámbitos de los Estados, constituidos en gran medida por la alianza de la burguesía y los reyes, brindaban la extensión que la actividad capitalista podía dominar con suficiente consistencia. El viejo Imperio era demasiado grande en las pretensiones y pequeño en las posibilidades de realizaciones efectivas para satisfacer los requerimientos del nuevo mercado. La formación de los Estados hizo necesario triunfar sobre los señores feudales inferiores, el Imperio y el Pontificado.
El desarrollo del capitalismo y de los moldes políticos de los reinos obedecía, a su vez, a profundas raíces de Occidente que se habían manifestado ya en parte en el propio nombre del Sacro Imperio Romano Germánico. En la formación de los Estados modernos se expresaban bases griegas , romanas , judeocristianas y germánicas , que en ciertos casos resultaron nutridas por la Reforma. Las manifestaciones ideológicas de la ruptura con los modelos morales y jurídicos del medievo están en la afirmación del poder libre de pautas morales de Maquiavelo; en el monopolio del poder en manos del gobierno, defendido por Hobbes y en la concepción de la soberanía como poder sin límites de Bodin. De ese modo se abrieron cauces para el despliegue del capitalismo del mercado nacional. El mercantilismo, sostenido por ejemplo por Colbert, fue la ideología económica que consolidó al Estado moderno.
Luego, la propia burguesía, que contribuyó a fundar los Estados modernos, pretendió liberarse de las monarquías innecesarias, originándose los cuestionamientos liberales políticos y económicos de Locke y Smith y los reclamos democráticos de Rousseau. La Revolución Industrial significó la posibilidad de mayor consistencia del Estado moderno, que llegó a ser concebido como Estado nacional, por ejemplo, a través del pensamiento de Fichte.
Casi al mismo tiempo que se formaban los Estados modernos se constituyó la comunidad internacional, apoyada en la diversidad de Estados independientes respetuosos de la independencia de los demás y las relaciones económicas, artísticas, científicas, religiosas, etc. entre ellos, que necesitaban una compleja regulación jurídica . En los momentos relativamente iniciales de la constitución de la comunidad internacional se produjo un gran jalón en la planetarización provocado por el éxito del viaje de Magallanes y Elcano. En el siglo XIX se desplegó la necesidad de una proyección internacional privatista, en la que se sostuvo que por costumbre internacional los Estados están obligados a aplicar a los casos los Derechos con los que están más vinculados. La comunidad internacional publicista fue teorizada por una diversidad de autores que incluye a Vitoria, Suárez y Grocio, y la concepción de la comunidad internacional privatista fue iniciada por Savigny.

2. Ese equilibrio de fuerzas, en el que se desenvolvieron el paso del empleo de la energía humana y animal al uso del carbón y el petróleo y el cambio de vinculaciones de servidumbre y esclavitud al avance del contrato, se fue modificando por la aparición de nuevas fuerzas y relaciones de producción. El empleo de la electricidad, el progreso de la utilización del átomo y los despliegues de la propiedad inmaterial, y los recursos de la microelectrónica, la información, la robotización y la genética son pilares de la aparición de un nuevo tiempo, del paso de la “modernidad” a la denominada “postmodernidad”. Desde el capitalismo mercantil se llegó al capitalismo industrial, pero en la nueva época impera sobre todo el capitalismo financiero. La producción en serie en una misma planta, última expresión de la referencia al "made in", tiende a ser sustituida por la división de la producción de una misma empresa en diversos países del "made by".
En este nuevo ámbito se desenvuelve el proceso de globalización/marginación en el que se debilitan las posibilidades de los Estados modernos nacionales y parece avanzar la formación de un Estado de alcances mucho más amplios, de cierto modo mundiales, encabezado por los poderes económicos y políticos vinculados a los Estados Unidos de América y sus aliados, que se halla en etapa “maquiavélico-hobbesiana” . En una lucha de cierto modo análoga a la de su nacimiento, pero en sentido de su declinación, el Estado moderno se enfrenta a los regionalismos interiores y a poderosas institucionalizaciones económicas y políticas exteriores. Algunos procesos de integración, diversamente exitosos, intentan al menos moderar los efectos de tal transformación. En esta circunstancia, se produce el debilitamiento de las perspectivas del Derecho y avanza el protagonismo de las fuerzas económicas; los Derechos nacionales pierden poder y lo ganan las proyecciones jurídicas universales, cuya comprensión se hace crecientemente necesaria .
A semejanza de lo que puede haber sucedido en el pasaje desde los feudos a los Estados modernos nacionales, pero quizás de un modo mucho más acentuado, hoy nos encontramos ante una gran tensión entre los despliegues técnicos por una parte y la conciencia social y las estructuras jurídicas por la otra, conflicto que en este caso posee alcances planetarios .
A la luz de los sentidos de las circunstancias actuales, con la referida limitación de la presencia del Estado moderno nacional, se aprecia mejor el significado que éste suele tener en la vida jurídica en general y cabe reconocer la necesidad de contar con vías de reemplazo de su presencia tradicional. Entre el Estado moderno nacional en retirada y el Estado mundial quizás en formación hay un gran "vacío" de estatalidad, como liberalismo político, democracia y proyecto común, que -salvando las distancias entre los fenómenos- puede considerarse ocupado por el economicismo, el tráfico de elementos nocivos (drogas, armas, etc.), el terrorismo, la represión indiscriminada, el riesgo de dictadura, etc.
Se vive una "actualidad" que no alcanza a ser "presente" porque va perdiendo su pasado y no tiene un porvenir imaginable, donde no parece posible saber si se están produciendo el "fin de la historia", el "conflicto de civilizaciones", el renacimiento de ciertos nacionalismos, etc., pero resulta relativamente claro que hay una crisis de la estatalidad tradicional y es necesario salvar sus consecuencias, quizás con el posible paso a otra estatalidad más extensa pero al menos análogamente calificada.
Aunque las características del proceso varían según los países, y la Argentina es uno de los más afectados, se trata de situaciones de alcance mundial. No obstante, a medida que la planetarización avanza, la estatalidad tropieza con culturas muy diversas de las que la generaron, en las que suele generar al menos importantes fenómenos de inautenticidad.

3. Creemos que urge el reconocimiento de los rasgos que asume la vida jurídica actual en razón de las diferencias entre la estatalidad moderna nacional y la planetaria, y para hacerlo es esclarecedor emplear modelos teóricos que integren la consideración no sólo de las normas, sino de la realidad social y los despliegues de valor. Con este fin, utilizamos las perspectivas de la teoría trialista del mundo jurídico . Aunque tomamos como partida la propuesta de una "construcción" del objeto jurídico y de la referencia básica a los valores, distinta de la posición objetivista del ilustre fundador del trialismo, consideramos que los puntos de vista trialistas ofrecen muy relevantes posibilidades de estudio que satisfacen gran parte de las aspiraciones teóricas de nuestros días .
A nuestro parecer, las posiciones integradoras contribuyen a superar los enfoques profesionalistas y tribunalicios de la tarea del jurista, que resultan fácilmente comprometidos en la preservación de un sistema que creemos valioso modificar. Cada una de las observaciones que planteamos puede suscitar amplio debate que escapa a las posibilidades de las Jornadas, pero estimamos que es interesante plantear las cuestiones, al menos invitando a la elaboración personal posterior de los participantes.

II. Comprensión trialista del vacío de estatalidad actual

a) Dimensión sociológica

4. Desde el punto de vista jurístico-sociológico, cabe apreciar que la falta de estatalidad lleva al imperio de las distribuciones de las influencias humanas difusas de la economía, el desenvolvimiento técnico, las creencias religiosas enfrentadas, etc. y a despliegues de conducción repartidora mundial que suelen resultar moral y materialmente muy violentos.
Los repartidores de la nueva conducción mundial están concentrados en ciertos países y se consideran vinculados de manera especial al beneficio de los electores locales, que concentran las ventajas de las nuevas condiciones de vida. La audiencia y las razones de los repartos se centran también en gran medida en los espacios centrales. Los procesos electorales del país hegemónico se refieren a su población, pero en los hechos significan la elección del gobierno del mundo. Más allá de los medios de comunicación de masas, las posibilidades de audiencia planetaria son muy reducidas. El discurso político en algunos países dominados resulta un "sin sentido" y esto contribuye a la enorme apatía y a la corrupción que suelen desarrollarse.
La versión ampliada actual del trialismo considera los orígenes de los repartos. En tal sentido, es posible reconocer en las tensiones de la estatalidad actual no sólo las decisiones adoptadas sino las causas más profundas, a menudo de carácter difuso económicas, religiosas, etc., que se proyectan en el condicionamiento de los espacios de conducción.

5. Aunque suele invocarse el triunfo de la autonomía de los interesados y en esos términos se desenvuelve la llamada "autonomía universal" , en realidad en muchos casos el acuerdo es reemplazado por despliegues autoritarios que la ausencia de fuerza estatal impide neutralizar. Es cierto que avanzan fenómenos de cooperación importantes, pero también que el poder, sobre todo de bases económicas, adquiere a menudo magnitudes abrumadoras. La autonomía no surge de una voluntad en el vacío, sino en un clima que la asegure, que neutralice a los posibles agresores.

6. Se viene desarrollando una planificación gubernamental mundial, en la que los gobernantes políticos y económicos del "espacio central" y sus opiniones son los repartidores supremos y los criterios supremos de reparto. Ese plan ha funcionado hasta ahora, proporcionando importantes despliegues de previsibilidad que, sin embargo, parecen haber entrado en crisis por el estallido de una nueva guerra que, como correlato de la planetarización, es también mundial. Si se adopta la noción de revolución como cambio de supremos repartidores y criterios supremos de reparto, puede apreciarse que se está produciendo una "revolución" planetaria, aunque no se trate de la revolución de los sectores más o menos oprimidos que han desarrollado su fuerza, sino del cambio promovido por los simplemente poderosos que llevan a un régimen de todo el Globo.
Es importante reconocer si el nuevo orden mundial es considerado razonable por la sociedad, es decir, si cuenta con ejemplaridad, entre quiénes esto sucede y por qué motivos. Hay muchos países donde la ejemplaridad es en gran medida de referencia nacional. Es relevante saber, incluso más allá de los cauces informativos actuales, cuál es la opinión pública mundial, pero las dimensiones planetarias generan una enorme incomunicación. Las divisiones formales de los Estados, generalmente dominados por las fuerzas mundializadas, ocultan la impermeabilidad que parecen imponer los enormes alcances planetarios. Poco puede saberse de la solidaridad que una razonabilidad común podría desenvolver entre los diferentes pueblos. Múltiples fenómenos de "recepción" de modelos extraños se producen sin que los Estados puedan ejercer algún control de las consecuencias.
Con ciertas semejanzas con el régimen comercial medieval, viene desenvolviéndose la "lex mercatoria", que procura su vigencia más allá de los moldes estatales . La aceleración de la historia, sobre todo en el marco económico, excluye la exigencia de largo tiempo que suele requerirse para la costumbre.
La reordenación en sentido planetario produce fenómenos de anarquía interna, con la consiguiente realización de la arbitrariedad. La independencia, característica de los órdenes estatales tradicionales, está en franca crisis, sobre todo en las cuestiones económicas, pero incluso en las que hacen a la paz y la guerra. Hoy se desarrolla el poder crecientemente incontrastable de la nueva estatalidad planetaria. Sin embargo, la fuerza adquiere magnitudes planetarias en un creciente círculo de terror y represión.
Los dos grandes carriles de la cultura que Occidente expande por el mundo son la democracia y los derechos humanos, por un lado, y la economía y en especial el mercado, por el otro. La historia, a veces concurrente y a veces tensa de ambos despliegues, suele ser sacrificada de modo que los que prevalecen son los motores económicos y de mercado de la planetarización, en tanto la democracia y los derechos humanos, más enraizados en los Estados tradicionales, pierden significación real.

7. En las actuales circunstancias, la estatalidad moderno-nacional encuentra con frecuencia límites necesarios, pero los últimos tiempos vienen evidenciando que también halla obstáculos, aunque quizás sean al fin menos poderosos, la tendencia a la formación de una estatalidad mundial. Podría decirse, por ejemplo, que la estatalidad tradicional encuentra límites económicos, pero la de alcance mundial parece tropezar con límites psíquicos de carácter religioso. Las dos limitaciones son, notoriamente, fronteras de un vacío de estatalidad.

b) Dimensión normológica

8. La ausencia de estatalidad impulsa que la recepción de modelos extraños a los requerimientos de las circunstancias locales, impuesta por la globalización/marginación, se produzca en condiciones más intensas de abstracción, prescindiendo de la consideración de los casos concretos. Si bien la cultura dominante que se difunde en la jurisprudencia de diversos países se caracteriza por la consideración de dichos casos y por la realización de la inmediatez, en los grandes enfoques se incrementan la abstracción y la búsqueda de la predecibilidad. El avance de las perspectivas de modelos de referencia abstracta en el Derecho es afín a la abstracción del capitalismo financiero mundial.
El empleo de derecho unificado y de principios generales es creciente . Los principios tienden a dar elasticidad a las soluciones del cambio histórico. Sin embargo, las tensiones no decaen.

9. En el terreno de las fuentes formales, avanzan los tratados internacionales y los contratos en detrimento de las leyes, lo que significa que se reduce la mayor participación democrática que caracteriza a estas fuentes, elaboradas generalmente por los parlamentos . Los tratados cubren materias nuevas, no sólo de preservación de la paz y los derechos humanos, sino de ordenación económica internacional. Los Acuerdos de Marrakech constitutivos de la Organización Mundial del Comercio son de cierto modo una "constitucionalidad mundial", que no tiene el compromiso tradicional de preservación de los derechos humanos . El otorgamiento de jerarquía constitucional a tratados de derechos humanos, como lo hace nuestra Constitución, es una expresión del compromiso de una nueva estatalidad nacional/internacional.
Aumenta incluso el protagonismo de los decretos de los órganos ejecutivos, impulsados no sólo por la necesidad de respuestas rápidas sino por la mayor vinculación que suelen tener esos órganos con los poderes planetarios. Las constancias electrónicas marginan no sólo los cauces del soporte papel, sino los de los Estados tradicionales.
En el campo de las fuentes materiales es posible avanzar hasta el terreno antes referido del origen de los repartos, donde se advierten las raíces mundiales que van incrementándose en su formación. Cada vez más, las propias fuentes formales internas son resultantes de fuerzas sociales de alcance mayor. La realidad del "monismo" sociológico entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno es creciente.
El debilitamiento del papel del Estado tradicional incrementa el rol de la doctrina internacional .

10. La situación actual de vacío de estatalidad debe ser entendida también como una gran carencia histórica de normas, producida por los nuevos hechos. Aunque no hay que descartar el recurso a la "heterointegración" con nuevos criterios de solución, tampoco se debe marginar la posibilidad de recurrir a la relativa "autointegración" mediante los criterios de la estatalidad tradicional. La gran carencia de normas y la necesidad relativa de nuevos criterios son muestras de la existencia de una nueva era histórica.
La aproximación a una estatalidad mundial se manifiesta en el gran incremento de la cooperación judicial internacional. La senda de los Tribunales de Nuremberg, a medio camino de la estatalidad tradicional y la planetaria, es seguida con relativa frecuencia, como lo muestran las tensiones del caso Pinochet. En un sendero ya más mundial se inscriben los crecientes tribunales internacionales.
A menudo el funcionamiento de las normas escapa a los moldes tradicionales estatales y busca sendas de mediación y sobre todo arbitrales.

11. En el ámbito de los conceptos que integran la realidad se produce una amplia expansión de modelos planetarios, emergentes en mucho de la cultura dominante (avances de la franquicia, el fideicomiso, etc.). Entre esas integraciones ideales de la realidad, se destaca el predominio de la moneda mundial, cuya circulación evidencia una tabla de comunes denominadores económicos que suelen reflejar tensiones entre el ámbito interno y el externo de los Estados. La dolarización, la convertibilidad, la flotación cambiaria, la cotización fijada por el gobierno local, etc. son muestras de esas relaciones difíciles.

12. Los ordenamientos normativos estatales resultan presionados horizontal y verticalmente en la senda de la formación de un supremo ordenamiento mundial. Requeridos para que realicen sobre todo la concordancia de sus contenidos y la infalibilidad del cumplimiento de sus compromisos en lo internacional, terminan afectados en la subordinación y la ilación respecto de sus normatividades superiores. Se va produciendo un cambio de la norma hipotética fundamental desde la referencia al constituyente nacional al constituyente mundial en formación. De este modo, los avances de la coherencia mundial suelen traer consigo la incoherencia en los ordenamientos estatales tradicionales. En correlación con la crisis de la independencia de los órdenes de repartos, está en crisis la "soberanía", característica de los ordenamientos estatales tradicionales. Hoy se desenvuelven un poder incontrastable y una normatividad suprema a nivel planetario.

c) Dimensión dikelógica

13. Sin desconocer las discusiones que pueden producirse acerca de los contenidos, cabe reconocer que la referencia de la estatalidad tradicional al valor justicia suele ser planetarizada en términos del valor utilidad, que tiende a ser el denominador común de los valores de la estatalidad mundial. Esta referencia predominante a la utilidad hace, a nuestro parecer, que muchos despliegues de valor, entre los que se encuentran los de la verdad, la belleza, la santidad, etc. y del propio valor de lo humano en sí (humanidad) queden marginados.

14. En cuanto a los caminos para el pensamiento de la justicia, que se denominan clases de justicia, la tensión entre las dos estatalidades se manifiesta en las dificultades para que las perspectivas "partiales" y en principio sectoriales , en relación con los Estados tradicionales dominantes, se proyecten a los alcances integrales; para que la justicia particular difundida por el mundo llene el lugar en que tradicionalmente se sitúa la justicia general, referida al bien común.
Las exigencias de la deuda externa de los países pobres no se plantearían con el mismo rigor si se produjeran dentro de un Estado. La ayuda humanitaria que suele brindarse en lo internacional es mucho menos que la asistencia que debe un Estado.
Como estimamos que la justicia particular y la justicia general son respectivamente las exigencias que individualizan al fin al Derecho Privado y al Derecho Público, se advierte que la actual situación significa un vasto despliegue del Derecho Privado en relación con la limitación de las perspectivas del Derecho Público. La privatización parece ser un instrumento de la planetarización

15. Los avances de la estatalidad planetaria significan atender a nuevas consideraciones de justicia, en tanto se fraccionan despliegues referidos a la estatalidad interna . Las consideraciones de valor que responden a las estatalidades tradicionales son debilitadas en aras de otras de alcance planetario, que no alcanzan a consolidarse. Tales ampliaciones y reducciones de las consideraciones de justicia producen inseguridad desde el punto de vista interno y hasta ahora han dado seguridad desde la perspectiva mundial. La inseguridad emergente de la marcha hacia la globalización está penetrando en uno de los territorios tradicionalmente más seguros del Planeta.
Como lo evidencia el actual conflicto mundial, estructuras completas de la referencia axiológica entran en conflicto en lo que puede considerarse un choque de sistemas culturales, con pérdida de las posibilidades de diálogo. Debajo de tales conflictos pueden esconderse intereses económicos que se benefician con el ocultamiento de la realidad profunda.
Criterios generales orientadores propios de los Estados tradicionales son abandonados por el empuje de otros originados por las potencias predominantes. Es más: la crisis afecta no sólo a los criterios generales internos, sino a las valoraciones e incluso a la propia "valencia" de los valores. El cambio de las referencias axiológicas incrementa las dificultades de la virtud.

16. Si se adopta el principio supremo de justicia propuesto por el trialismo y se lo aplica a los repartos, se advierte, por ejemplo, que los criterios de legitimidad de los repartidores están en crisis . A diferencia de la relativa generalización de la legitimación democrática de los gobernantes estatales tradicionales, no existen cauces de democracia planetaria, de modo que los gobernantes democráticos de los países dominantes resultan repartidores sin legitimidad ("antiautónomos") respecto de los países dominados. Al fin, la legitimación democrática suele ser sustituida por la legitimidad tecnocrática y la misma autonomía es reemplazada por la mera plutocracia. Pese a las características liberales y democráticas de los órganos de gobierno de las Naciones Unidas, éstas no son suficientes para la estructura planetaria mundial porque los niveles más altos del poder no pasan por ellos.
Hay una gran falta de representatividad de los supremos conductores mundiales. Correlativamente se presenta también una carencia de medios para hacer valer su responsabilidad. La responsabilidad planetaria de los gobernantes sólo puede ejercerse respecto de los que dirigen Estados tradicionales débiles.
Los títulos de legitimidad de los recipiendarios cambian porque los méritos por el comportamiento de acuerdo con las tablas de valores de los Estados tradicionales son abandonados. Poco vale servir a un Estado tradicional en declinación. En tales circunstancias, los méritos de la estatalidad y sobre todo de la economía de alcances planetarios se incrementan. Vale más servir a las empresas que a los Estados. Debilitada la legitimidad por los méritos locales, gana cierto espacio relativo la mera legitimidad por los merecimientos emergentes de la necesidad.
Los objetos que se consideran más dignos de ser adjudicados son la propiedad y la libertad de contratación, no la vida. Fuera del marco nacional, la persona pierde relevancia y la ganan las pautas del sistema económico.
La estatalidad mundial carece de los cauces de audiencia elaborados en las estatalidades tradicionales. Los procesos legislativos nacionales van perdiendo significación porque se imponen las decisiones de los poderes planetarios. La propia fundamentación se hace débil, pues los poderes internacionales no se consideran obligados a brindarla.

17. Muchos Estados modernos nacionales recorrieron un largo camino hasta la relativa implantación del ideal humanista de tomar a cada individuo como un fin y no como un medio. Sin embargo, la magnitud del Estado planetario genera importantes riesgos de mediatización totalitaria o individualista.
Para que el humanismo se haga realidad es siempre conveniente respetar la unicidad, la igualdad y la comunidad de todos los hombres, de modos principales a través del liberalismo político, la democracia y la "res publica". Con referencia al respeto a la unicidad de cada ser humano, la estatalidad planetaria debilita la división liberal del poder entre los distintos Estados y carece del equilibrio de poderes que se ha ido generalizado dentro de los países. El poder ejecutivo de la potencia hegemónica posee en el exterior facultades de las que carece en su propio territorio. Respecto a la igualdad de todos los hombres, ya hemos señalado que no existe legitimación democrática mundial. En cuanto a la comunidad, el Estado planetario en formación no posee todavía el sentido de "res publica".
La estatalidad mundial no se ocupa de la seguridad interna en los países dominados, y los Estados tradicionales debilitados no están en condiciones de encararla, sobre todo si la amenaza es de origen global. La protección de los individuos económicamente débiles es tarea que la estatalidad planetaria considera ajena. Pese a los esfuerzos de organismos como las Naciones Unidas, lo propio sucede en gran medida con el resguardo respecto de la enfermedad, la miseria, la ignorancia, etc.

18. Creemos que vale procurar la superación de la globalización/marginación e incluso del rechazo a esa proyección amplia que se produce en diversas culturas, promoviendo en cambio cierta organización "universal" más respetuosa de las particularidades . El tiempo irá mostrando si conviene una estatalidad más tradicional o planetaria, pero creemos que la situación actual presenta deficiencias que han de recibir especial consideración.

 

 

Secciones

En el Centro, un importante equipo de investigadores, bajo la dirección del Dr. Miguel Ángel Ciuro Caldani, desarrolla tareas de investigación jusfilosófica orientada por la teoría trialista del mundo jurídico.

La teoría trialista, elaborada básicamente por Werner Goldschmidt, presenta un objeto jurídico compuesto por repartos de potencia e impotencia (de lo que favorece o perjudica al ser y específicamente a la vida), captados por normas que los describen e integran y valorados, los repartos y las normas, por la justicia. El trialismo resulta así una de las respuestas más interesantes al "desafío de la complejidad" tan destacado en nuestro tiempo.